6.12.11

Sobre la posesión de las almas

En tiempos del románico en las portadas de las catedrales los artesanos que las construyeron esculpieron el pantocrátor en su mandorla, un Cristo sentado en un trono cual rey terrenal. La religiosidad del momento venía marcada por un Cristo que imponía su autoridad, amenazador y que utiliza el miedo a la condena eterna para mantener las ovejas en el redil. Después, en los siglos del gótico, el sistema dejó de usar el miedo para centrarse en la invitación y la promesa de tiempos mejores (postmortem, así nadie podría dar cuenta de ello). Esto quedó reflejado en las catedrales con el cambio del Jesús malencarado por la figura amable de María sonriente con un Cristo bebé en brazos (Notre Dame de París, la Virgen Blanca de León, etc).
El método debió ser exitoso y se volvió a emplear en el siglo XX para acercar almas a la nueva religión del momento, el capitalismo/consumismo. Invitaron a la gente a consumir, a gastar, a hacerse tarjetas de crédito, a ver publicidad, a hipotecarse de por vida...
Pero a día de hoy, tras los años felices, parece que sufrimos una vuelta a los oscuros años del románico en los que el miedo se emplea para el control de nuestras almas. Primero el miedo a los numerosos terroristas nos llevó a entregar nuestra intimidad y libertades. Ahora el miedo a la crisis nos hace ceder logros sociales, derechos y nuestro bienestar.
Se la entreguemos a quien se la entreguemos nuestra alma está condenada.


Nota: hoy un catedrático en economía comentaba que no hay riesgo de que el Euro caiga, puesto que esto no beneficiaría a nadie, pero si que existe el interés en generar el miedo a la caída de la moneda europea para imponer recortes y reformas.

3 huesos:

Pasaba por aquí dijo...

Vuelvo a pasar por aquí, otra vez, para comentar lo de siempre.

La guillotina es un método tan decente como cualquier otro de hacer limpieza y asepsia social...

Soy un incomprendido. O quizá no tanto...

Pasaba por aquí dijo...

Por cierto, al hilo del post sobre educación, aviados estaríamos si por falta de personal y por ahorrar, ponemos a pilotar aviones a un chófer de autobús urbano. Por la regla de tres de los recortes, al fin y al cabo un piloto y un chófer son especialistas en transporte de pasajeros, y valen para cualquiera de las dos actividades.

Pero claro, como hay vidas en juego, no se hace algo así. En la educación también nos jugamos la vida y el porvenir, pero eso no se ve... ¡Cosas de culturetas intelectuales eso de la educación! ¿No crees?

sr. calavera dijo...

yo quería conducir un autobús! como asignatura afin, condussión del bus del cole!